Por Eduin Alexander Rincón Galarza (*)
Desde el año 1972 se celebra el Día Mundial del Medioambiente, tiempo en que se comenzó a colocar en la agenda las cuestiones que hacen a la “salud de la tierra” y que al día de hoy se han convertido en un “grito de humanidad”. Hace poco, como Iglesia, celebramos los 10 años de Laudato Si’, y en nuestra universidad tuvimos un conversatorio muy nutrido en aportes y miradas desde esta celebración. En esa misma frecuencia, nuestra Rectora participó en el Congreso Iberoamericano de Universidades para el Cuidado de la Casa Común, que tuvo lugar en Río de Janeiro.
Y hoy, especialmente, me gustaría rescatar lo que se postuló en aquel congreso que nos urge tomarlo y encarnarlo en nuestra comunidad universitaria: la lucha por la justicia climática, que como bien nos lo planteó el Papa Francisco, brota del ver y contemplar la tierra, nuestra Casa Común.
Escriben los/as rectores/as en la carta a la COP30 titulada “Llamamiento Global desde Río de Janeiro, universidades por la justicia climática”: “NOS COMPROMETEMOS a fortalecer una educación transformadora que integre las dimensiones ecológica, social, económica, cultural y espiritual del desarrollo sostenible, asumiendo la complejidad del presente y formando nuevas generaciones capaces de habitar el mundo con responsabilidad, creatividad y justicia.
Este llamado no es un simple gesto simbólico. Es, sobre todo, un acto de conciencia y de acción colectiva. Las universidades aquí reunidas, en red, al servicio de un mejor porvenir para las generaciones presentes y futuras, DECIMOS: No hay justicia social sin justicia ecológica. No hay futuro sin compromiso.” (Mayo 2025)
En términos teológicos este llamado a luchar por la justicia ecológica pasa por un proceso de conversión en lo personal, comunitario, social e institucional, podríamos decir que también es precisa una conversión educativa, que es una de las claves que articulan el Pacto Educativo Global, el cual viene siendo promovido desde la red de jóvenes de la UCALP.
Invito a todos los miembros de nuestra comunidad universitaria a que tomemos esta lucha por la justicia climática y, con coraje evangélico, nos movamos a acciones que concreten desde el lugar que ocupamos en lo institucional. Podemos comenzar con un sencillo ejercicio de autobservación para dar pasos en la conversión socioecológica: discernir nuestros modos de usar los recursos naturales en casa y en la universidad, y revisar nuestras lógicas de consumo. ¿Qué compromiso concreto puedo hacerme en este día?
Bienvenidas sean todas aquellas propuestas, proyectos, iniciativas que estén ordenadas al cuidado de la casa común, a promover una educación transformadora, a encarnar la lucha por la justicia social y climática de manera eficaz.
Termino con parte de la oración cristiana, con la creación que está al final de la encíclica Laudato Si’:
Dios de amor,
muéstranos nuestro lugar en este mundo
como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra,
porque ninguno de ellos está olvidado ante ti.
Ilumina a los dueños del poder y del dinero
para que se guarden del pecado de la indiferencia,
amen el bien común, promuevan a los débiles,
y cuiden este mundo que habitamos.
Los pobres y la tierra están clamando:
Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz,
para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor,
para que venga tu Reino
de justicia, de paz, de amor y de hermosura.
Alabado seas.
Amén.
(*) Secretario Académico, departamento Superior de Teología.