Misa en la Catedral por Sor María Ludovica y oración por el Papa
Mons. Carrara: “Pensar en Sor Ludovica es pensar un camino de santidad”
Mons. Carrara: “Pensar en Sor Ludovica es pensar un camino de santidad”

En una catedral colmada, el arzobispo Gustavo Carrara presidió el martes 25 de febrero en la Catedral de La Plata la Misa por la beata Sor María Ludovica, a la que también convocó para rezar por la salud del Papa Francisco. La UCALP participó de la ceremonia religiosa con una delegación encabezada por su rectora, Prof. Rita Gajate.

Acompañaron además a Mons. Carrara como concelebrantes los obispos auxiliares Mons. Alberto Bochatey OSA y Mons. Jorge González, junto con el párroco del templo, Pbro. Hernán Remundini, y varios sacerdotes más. Estuvieron también presentes seminaristas y diáconos permanentes.

Participó también de la celebración el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Áxel Kicillof; el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco; el ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense, Andrés Larroque; y el Intendente de La Plata, Julio Alak, entre otras autoridades.

También lo hicieron el director del Hospital de Niños, Gustavo Sastre, junto con personal de ese nosocomio; la madre general de la Congregación, venida desde Italia, Hna. Floripes, y su vicaria, Hna. Francesca, junto con todas las religiosas que acompañan la tarea del hospital, y muchos fieles de distintas comunidades, niños y jóvenes, quienes se acercaron para honrar a la beata y pedir por el Santo Padre.

En un ambiente de profunda introspección, el arzobispo recordó: “Hoy nos convoca la celebración de la beata Sor María Ludovica, cuya imagen y reliquias están aquí en la Catedral, pero este es también un día muy especial, porque nos unimos a millones de personas en todo el mundo que en oración o pensándolo bien en su corazón piden por la salud del Papa Francisco”. “Hoy aquí en nuestra Catedral pedimos al Señor, por intercesión de nuestra beata Ludovica, fortaleza de espíritu, consuelo y salud para nuestro querido Papa”.

Asimismo, recordó que la beata pertenecía a la Congregación de las Hijas de la Misericordia, quienes llegaron a la Argentina hace 150 años. Entre las muchas obras de misericordia que fueron animando a lo largo de los años, estuvo la creación de escuelas, por ejemplo, el colegio Nuestra Señora de la Misericordia del barrio porteño de Flores.

“En otra oleada de inmigrantes -recordó- llega a nuestro país en diciembre de 1907 Sor Ludovica y en enero de 1908 fue designada para acompañar a la comunidad destinada para prestar servicio en el Hospital de Niños. Allí pasó el resto de su vida, hasta 1962, cuando partió al cielo. Allí se santificó, poniendo a los niños en el centro de su preocupación”. También recordó que, en 1931, en otro de los procesos migratorios, llegaron los abuelos paternos y el padre de Jorge Bergoglio, quien nació en 1936.

Luego invitó a leer y concretar el Magisterio de Francisco: “Evangeli Gaudium, para nosotros en la Iglesia, es un documento programático para la Pastoral; Laudato si’ es un llamado a que escuchemos el grito de la tierra y el grito de los más pobres; Fratelli Tutti es un mensaje de Francisco de que ‘nadie se salva solo’; Dilexit Nos es una invitación a volver al corazón de Jesús que nos amó y nos salvó”.

Mons. Carrara aseguró que “además de rezar por Francisco y de pensarlo bien en nuestro corazón, hoy tenemos que comprometernos en concretar su magisterio y enseñanza”.

Afirmó también que cuando “miramos a la beata pensamos en un camino de santidad, que empieza el día del bautismo, porque allí se nos da la gracia especial de ser hijos de Dios y se nos da una familia más grande que es la familia de la Iglesia. En el bautismo se siembra la semilla de la santidad y esa semilla hay que hacerla crecer, hay que desplegarla, y es lo que hizo Sor Ludovica”.

“Pensar en Sor Ludovica es pensar en un camino de santidad, mirarla a ella es pensar en los niños, las niñas y los adolescentes. Ella siempre decía ‘Para los niños lo mejor’”, manifestó.

Hacia el final de la homilía, invitó a que “de modo humilde, encendamos la velita de nuestra oración y pidamos por Francisco, agradeciendo todo lo lindo, lo bueno que hace él, no solo por la Iglesia, sino por toda la humanidad”. “Hoy al rezar reconocemos que Francisco es un don del Espíritu Santo para la Iglesia toda, pero también para nuestro mundo de hoy es un profeta de la dignidad humana. Pedimos a Dios nuestros mejores deseos para él y lo encomendamos a la beata para que interceda en su nombre”, concluyó.

Luego de la misa, Mons. Carrara se dirigió hacia el sector del templo en donde se encuentran las reliquias de la beata, y bendijo a niños y sus familias.

La historia de Sor María Ludovica

Sor María Ludovica De Angelis nació en la localidad de San Gregorio, un pequeño pueblo de los Abruzzos cercano a la ciudad de L’Aquila, Italia, en 1880, con el nombre de Antonina de Angelis.

Ingresó a las Hijas de la Misericordia el 14 de noviembre de 1904 y, ese mismo día del año 1907, fue enviada a la Argentina; llegó a Buenos Aires el día 4 de diciembre. Comenzó su vida misionera en el Hospital de Niños de La Plata, que hoy lleva su nombre, y del cual llegó a ser directora hasta su fallecimiento.

Fundó también un solario para niños en situación irregular, frente al mar, en la ciudad de Mar del Plata. En 1935, sufrió los primeros síntomas del cáncer renal que causaría su posterior fallecimiento; pero, pese a eso, se destacó por su ayuda social y su entrega por atender a los enfermos. También fue muy devota de la eucaristía. Murió en La Plata, en 1962 a la edad de 82 años.

Su proceso de beatificación comenzó en 1996; fue declarada venerable en 2001 y beatificada en Roma en el año 2004, por el Papa san Juan Pablo II, tras comprobarse su primer milagro.