El pasado mes de junio, las Autoridades del Observatorio Socioeconómico viajaron a Chile para participar en la CEPALy encontrarse con el Dr. Fernando Monckeberg. El tema que tratamos con el doctor Monckeberg fue desnutrición, pobreza y conflicto intergeneracional de subdesarrollo.
Le mostramos el trabajo de investigación realizado en todos los asentamientos del Gran La Plata sobre la base del Indicador de Integración y Desarrollo, e inmediatamente nos remitió a sus comienzos en los años cincuenta, cuando se tuvieron que hacer muchas investigaciones para revelar la difícil situación que padecía la sociedad de Chile. Este país contaba con indicadores sociales realmente alarmantes (sino los más graves de toda la región) y una fuerte aversión por gran parte de la sociedad a asimilar la situación y para sobrellevar las medidas necesarias para hacer el cambio.
Al ser humano le cuesta admitir una realidad cuando no puede (o quiere) aceptarla o porque simplemente considera que no es posible modificarla, y esto nos pone una barrera que debemos superar; es convencer a toda la comunidad que existe este problema.
Por esto, en una suerte de anamnesis en medicina para obtener un buen diagnostico, lo primero y principal es relevar toda la información sobre cuál es la situación y realidad en la que viven las poblaciones que se encuentran en esta marginalidad. Se observa además que gran parte de las causales tienen explicación en la insuficiencia sostenida en el tiempo de variables tanto estructurales como coyunturales, lo cual explica ese estadio. Ello condiciona y erosiona las expectativas de mejor vida y de salir de ese estadio de pobreza multifacética.

Sostener este proceso endémico genera en la población una pobreza resignada. Esta falta de expectativas conlleva un proceso de depresión que impacta mayormente en los jóvenes con respecto a los adultos. Asimismo, en este entorno, el mayor daño se profundiza (por su vulnerabilidad y dependencia) en la población infantil y con ellos se hace un freno (un bloqueo) no solo para salir del proceso sistemático (y centrípeto) de la pobreza, sino también para el desarrollo de la población entera.
Por eso, de cada investigación que se iba efectuando fue necesario focalizarse en el niño y la madre, ya que, dentro de su pobreza, no tenían expectativa alguna de abandonarla. Cuando la pobreza es resignada, la que paga las consecuencias es la población infantil. El daño que genera la pobreza en los primeros años de vida genera un freno no solo para los pobres, sino para la población entera. El resultado en el tiempo es un proceso divergente y una sociedad cada vez más desigual. Por esto, es fundamental “sin pausa” comenzar un Programa de Inversión Preventiva, porque la nueva “sociedad del conocimiento” cada vez se hace más y más excluyente y compleja, e incrementa constantemente la demanda de más saberes y habilidades. Para los dañados, se les hace progresivamente más difícil responder, persistiendo por ello el hecho de estar excluidos y atrapados en la pobreza[1].

La Inversión Preventiva para no caer en gastos correctivos (que muchas veces multiplican los montos pero no corrigen el daño) requiere la adopción de un programa orgánico tendiente a revertir el proceso de empobrecimiento y paralización que resulta de la incidencia de factores negativos tantos externos como internos. Solo con programación, se podrán ordenar y materializar los cambios estructurales que son necesarios, abordando la estrategia con compatibilidades de Unidades Ejecutoras responsables y midiendo la evolución en el tiempo del programa intertemporal. El cambio es cultural, tiene que nacer una cultura de salud en la madre, y para esto se necesita sostener la política en el tiempo. Es más, la experiencia de Chile nos muestra que el efectivo tratamiento requiere una acción intertemporal y en bloque de los países para que, efectivamente, pueda resolverse.
Para ello, es condición necesaria la identificación de la problemática, concentrar la información de las acciones ya efectuadas y la confección del diagnostico. Secuencia ineludible de iniciación del tratamiento para que no sea simplemente un proceso de investigación (donde muchas veces claudican los avances científicos), sino un proceso de acción que toma la responsabilidad de subsanar los errores que se produjeron.
Claro está que quizás la solución final no lo vea siquiera el entorno político que lo impulsa. Pero si encontrara en los resultados consecuentes el reconocimiento de retribuciones propias de sus acciones, como además economías de gastos posteriores que serán recuperados por haber efectuados inversiones en edad temprana, simplemente podremos ver grupos entrelazados en una sinergia corporativa para eliminar el escándalo que es la pobreza en la Argentina y ayudar a toda la región a resolver esta dolorosa situación que padecen nuestros hermanos.
Como nos dijo el Dr. Monckeberg “Éxitos, y sacar la realidad a flote y nunca pensar que no es abordable”.
AUTOR: Director Ejecutivo del Observatorio Socioeconómico, Mgtr. Rodrigo Martín