La Navidad, como toda la vida vivida con fe, es momento y oportunidad. Momento porque es tiempo de recordar uno de los misterios más grandes que en hebreo se dice “Emmanuel” ( עמנואל ) o sea Dios está con nosotros. Y como dice san Pablo: “Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom 8,32).
El Evangelio se hace niño y pequeñez, se pone en nuestros brazos y corazón, para que crezca y sea cuidado por nosotros. Tiempo de recibir de nuevo el “Evangelio niño” y cuidar nuestra fe para que no se pierda, vulnere, ni contagie de nada, este Niño es presencia de amor y no podemos cerrar la vida y no recibirlo.
La Navidad es oportunidad. En su valor etimológico quiere decir, lo que encuentra buen puerto, y el Niño Dios es como un barco que viene de la eternidad, cargado de tesoros de gracia, que viene a encontrar en nuestras vidas el lugar donde descargar todo su amor.
En Navidad Dios nace y debe ser cuidado, crece y debe ser sostenido, para que cuando llegue el momento y la oportunidad sea Él quien nos devuelva el ciento por uno de nuestros esfuerzos de amor para que su Navidad, anuncio y entrega haga del mundo un gran pesebre, que no es otra cosa que Familia de Fe.
Que sea feliz y navidad la de 2016.
P. Fernando Sagaspe