En la previa del Adviento, hoy se celebra la fiesta de Cristo Rey
En la previa del Adviento, se celebra la fiesta de Cristo Rey
En la previa del Adviento, se celebra la fiesta de Cristo Rey

(*) Por Eduin Alexander Rincón Galarza

Estamos terminando el año litúrgico y este domingo 23 de noviembre ya es un nuevo tiempo en la Iglesia: adviento. El año litúrgico culmina con la fiesta de Cristo Rey, y en estos tiempos sería bueno parar un poco y contemplar lo que nos dice hoy esta fiesta, y a su vez ver cómo está nuestro seguimiento, teniendo de fondo que estamos viviendo el año jubilar, en el cual hemos buscado y hallado razones para la esperanza.

¿Qué significa hoy confesar que Jesús es el rey y cómo podemos sentir con más sensibilidad su poder en nosotros? ¿En qué consiste la realeza de Cristo y cómo nos afecta a quienes nos decimos cristianos/as?

Hemos de recordar que la institución de esta fiesta litúrgica ha sido en 1925, hace un siglo, por Pío XI. Y de ese contexto al actual, las realidades temporales han cambiado significativamente, lo cual hace más complejo aún considerar desde otro lugar esta fiesta, puesto que en su momento sirvió para contrarrestar el secularismo y el anticlericalismo, declarando la realeza de Cristo sobre las instituciones de su momento, no en el plano abstracto, sino en la realidad concreta. Y si bien, es cierto que todo orden temporal es mediación para el anuncio del Evangelio, es preciso discernir hoy, la realeza de Cristo.

Más que una realeza de tipo temporal, lo que nos comunica esta fiesta es más trascendente, está dentro del campo escatológico.  Es decir, que sobre las cosas últimas estará la realeza de Cristo ordenada a la plenitud del reinado de Dios, lo cual “debemos admitir que no existe cultura, civilización o política adecuadamente cristiana. Tan solo aproximaciones más o menos afortunadas. Lo definitivo vive desterrado de este mundo: es escatológico. Lo sobrenatural salvaguarda la humanidad del hombre y le impide encerrarse en sus creaciones o realizaciones contingentes. De este modo, una civilización cuanto más humana sea -y lo humano no se define a priori- tanto más abierta estará al Reino. Decir más nos parece que es abandonar el rigor teológico, pero decir esto es a la vez que afirmar la posibilidad permanente de un diálogo con el no creyente, volver de nuevo a la más firme tradición evangélica” (Cristian Duquoc).

EL EVANGELIO, CLAVE PARA COMPRENDER LA REALEZA DE CRISTO

Para comprender con mayor hondura la realeza de Cristo, hemos de ir a contemplar el Evangelio, cuando Pilatos le pregunta a Jesús “¿Eres el rey de los judíos?“, Jesús responde: “Mi Reino no es de este mundo“, a lo que le indica Pilatos: “¿Entonces eres Rey?…” y Jesús dice: “Tú dices que soy Rey...” (Juan 18,33-37).

La realeza de Cristo no es de orden temporal, no es de orden político, ni religioso, es de orden eterno.

No podemos acoger esta realeza si no hemos vivido y comprendido al Resucitado, porque en él es que se logra captar la profundidad de su señorío. ¿Cómo ejerce este señorío Cristo? Amando y sirviendo, y: ¿Cómo lo actualizamos nosotros? Amando y sirviendo a su modo.

Debemos asumir que este amar y servir ha de darse desde compromisos concretos, en primer lugar haciendo una opción preferencial por los pobres (Conf. Dilexi te, 16), partir lo más posible de allí, puesto que “la visibilidad de la realeza de Cristo en el mundo únicamente aparece allí donde el Evangelio se revela como fuerza de transformación” (Cristian Duquoc).

Esta fiesta nos ha de mover a un seguimiento de Jesús más coherente,  a un anuncio del reinado de Dios con mayor coraje y profetismo, puesto que confesar a “Cristo Rey” nos ha de apasionar a buscar y gestar instituciones humanas más justas, solidarias y fraternas, que trasciendan el poder temporal.

Esta fiesta nos recuerda que Jesucristo es el centro de toda la historia universal. Él es el alfa y la omega, el principio y el fin, el Rey de Reyes y el Señor de Señores. “En Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17, 28).

Pidamos a María nos ponga con su Hijo, Nuestro Rey, y que en él cada día vivamos más dedicados al anuncio del reinado de Dios y su justicia.

¿A qué compromisos concretos me invita Cristo Rey?

¿Dónde le estoy amando y sirviendo?

(*) Secretario Académico del Departamento Superior de Teología