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Que te sorprenda y no me olvides

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La publicidad existe desde los orígenes de la civilización y el comercio porque siempre ha sido necesario comunicar la existencia de los productos y servicios.
En Babilonia se encontró una tablilla de arcilla con inscripciones para un comerciante de pastas para el cuerpo y un zapatero que data del 3000 a.C.
En Tebas se conoció épocas de gran esplendor económico y religioso así a esta ciudad tan próspera se le atribuyen uno de los primeros textos publicitarios. La frase encontrada en un papiro egipcio ha sido considerada como el primer aviso publicitario del que se tiene memoria. Hacia 1821 se encontró en las ruinas de Pompeya una gran variedad de anuncios de estilo grafiti que hablan de una rica tradición publicitaria en la que se pueden observar vendedores de vino, panaderos, joyeros y tejedores.
En Roma y Grecia, se inició el perfeccionamiento del pregonero, era quien anunciaba de viva voz al público la llegada de embarcaciones cargadas de vinos y víveres.
En Francia, en la edad media, los dueños de las tabernas voceaban los vinos y empleaban campanas y cuernos para atraer a la clientela; en España se utilizaban tambores, gaitas y músicos.
Hoy en un ambiente tan saturado de comunicaciones se busca sorprender con la publicidad, haciendo que nos encontremos con ella de manera inesperada, en los lugares más insólitos y que combine mostrar claramente el producto con sorprender, de modo tal que esa sorpresa sea motivo de virilizarla.

Prof. Omar Mastandrea
Titular de Práctica Profesional de Lic. en Comercialización UCALP

Autor: UCALP