“Que haya paz dentro de tus muros” (Salmo 122)
Vida UCALP

“Que haya paz dentro de tus muros” (Salmo 122)

Es una forma equívoca e imprecisa la expresión “Día de la No Violencia”. Si este día debiese ser considerado como una invitación y recuerdo a la concordia (en latín cumcordia: ‘unión de corazones’) para “que los enemigos vuelvan a la amistad, los adversarios se den la mano, y los pueblos busquen la concordia (…), que el amor venza al odio, la venganza deje paso a la indulgencia, y la discordia se convierta en amor mutuo” (Reconciliación II), hagámoslo con un sí hecho respuesta a las propuestas reveladas por la “carta magna” de todo cristiano: el Evangelio.

¿Por qué comenzar con un adverbio de negación? El no es una partícula invariable que, como manifiesta su naturaleza de adverbio, debe modificar un verbo y violencia es un sustantivo que tristemente desencadena, casi verbalmente, hechos cada vez más opuestos a la razón y la ley natural.

Entonces, volviendo al Evangelio, tengamos presentes las palabras que Jesús nos dice: lo esencial de toda la ley está en la justicia, amor y fidelidad (Mt 23, 23). Digamos un sí categórico y decisivo a acciones concretas: rezar, comprometer, trabajar, promover, perfeccionar la propia vida, los vínculos con los demás, con la ayuda de los frutos del Espíritu Santo (amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia).

Frente a estas cosas, la ley está de más (Gal 5, 22 ss.). Debe estar presente como lema en nuestras vidas, familias, círculos y especialmente en nuestra universidad que la violencia no tendrá ser si no se lo otorgamos con nuestro obrar. Que el saludo de san Pablo desde la cárcel -violenta e injustamente padecida por la causa de Cristo- sea para nosotros la voz de Dios que nos sigue llamando a perfeccionar su obra; que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y pensamientos en Cristo Jesús.

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre y (…) digno de alabanza, piensen y obren sobre esto. (Filp 4 4, ss.)

Pbro. Fernando Sagaspe

 

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