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Capellán General: Pbro. Dr. Fernando Sagaspe

La pastoral es la acción de la Iglesia que, bajo el soplo del Espíritu Santo, actúa a través de cada hombre de fe cuando se deja poseer y conducir por Él, para anunciar el Evangelio según su vocación propia.

Quien lleva adelante una tarea pastoral, experimenta que son puestas en sus labios palabras que por sí solo no podría hallar, observando como se predispone maravillosamente quien escucha  y se renueva por el anuncio del Evangelio (Cfr. E. N 75).  Siguiendo el título cristológico de Jesús como “Buen Pastor”, podemos decir que la pastoral es la continuación del obrar en el tiempo de Cristo, Pastor eterno, que sigue llamando y nutriendo a los hijos de Dios para que tengan vida y la tengan en abundancia.

Todo esto genera compromiso, testimonio, misión, diálogo, encuentro e invitación para que –a modo de contagio-  todos conozcan a Cristo y a Aquel que lo ha enviado el único Dios vivo y verdadero (Jn 17,3).

La pastoral es el eco vivo del “hagan esto en memoria mía” de Cristo buen Pastor, que por  la Iglesia, desde la Iglesia y con la Iglesia convierte toda acción en  “oficio de amor”. Cuando afirmamos que la pastoral es el oficio de amor de toda la Iglesia (san Agustín, Com. Evangelio de san Juan 123,5), queremos subrayar que no es esto propiedad de unos pocos (generalmente se piensa en sacerdotes y religiosas) sino de todos. No está la pastoral  universitaria reducida a la acción de los capellanes y/o profesores de Teología.

Por eso mismo somos concientes que en nuestra Universidad, toda la comunidad educativa es acción que extiende el seguimiento a Cristo Buen Pastor que con sus “silbos nos despierta del profundo sueño” (Lope de Vega, XIV). Y despertarse es dejar a Dios que ilumine con su Palabra cada paso, decisión y síntesis que en la vida debemos asumir para que se cumpla su Voluntad.

El entendimiento y la razón cuando no son iluminados por la verdad que ilumina la Caridad, no llevan al hombre a la plenitud y la felicidad verdadera que se manifiesta y emerge en la solidaridad, la perseverancia, la fraternidad y la alegría para poder enfrentar a “tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios como el dinero, el éxito, el poder o el placer”.(Cfr. Papa Francisco, Homilía inaugural JMJ, Aparecida, 24/VII/2013).

Desde el “buenos días” de quien se encuentra en la puerta, hasta la oración final de cada lección después de haber concluido una clase, se actualiza la tarea de evangelizar  que es pastoral universitaria y está obrando con la fuerza que da el testimonio. Éste es ineludible por que es coherencia existencial entre los principios de la Fe y la razón, que son como dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad ( Fides et ratio, Intr). “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros, o si escucha a los maestros lo hace porque son testigos” (Pablo VI, E.N, n.41).

El compromiso de evangelizar, o sea hacer que todo sea Evangelio por medio del anuncio con la presencia y  el testimonio, es en nuestra Universidad una obligación que se  debe manifestar frecuentemente en toda la comunidad educativa.  Así como todos hacen posible la educación universitaria, todos deben hacer posible con el testimonio de su vida, que el amor de Cristo buen Pastor, siga obrando en cada uno y para todos.

Ante todo comprendemos que la pastoral universitaria no puede ser un conjunto de manifestaciones y reuniones afectivas (y a veces poco efectivas) en las que parecerían tener que preponderar el número y el ruido externo como un fenómeno “exitista” que valora y califica aquello que no es susceptible de ser medido, que el fruto del amor que evangeliza crece con el silencio de la semilla bajo tierra. Por eso, creemos que  se debe comenzar de lo simple y cotidiano, para poder cruzar los umbrales del corazón de quien deje a Cristo que lo invite y llame a ser feliz.

La pastoral universitaria es para toda la universidad no sólo para los alumnos. Las autoridades, docentes, auxiliares, administrativos, y todos aquellos que conforman la identidad de una comunidad universitaria católica somos sujetos de acción pastoral, de escucha, consuelo, consejo, acompañamiento que descubre el amor de Dios por cada uno y a cada uno.

Específicamente  en nuestra Universidad, cada facultad y  los tres colegios cuentan con capellanes que están al servicio de las distintas comunidades. Los capellanes con su presencia y testimonio,  escuchan a los alumnos, salen a su encuentro en la preparación y administración de sacramentos.

Ellos indican en las carteleras de las facultades  los días en que los alumnos los pueden encontrar y en varias ocasiones –cuando fuese necesario- la acción pastoral de ellos se extiende a familiares y amigos de nuestros alumnos, docentes y auxiliares, allí donde sea necesaria la presencia de Cristo y la Iglesia en la persona del sacerdote.

Todos ellos ejercen la docencia de Teología en el nivel universitario, tarea que enriquece la pastoral teniendo la posibilidad de un encuentro más cercano e integrador con los alumnos.

También trabajan conjuntamente con los tutores colaborando en el discernimiento de posibles obstáculos que pudieran aparecer en el orden intelectual, ante eventuales crisis o problemas de origen espiritual que pudiesen repercutir en el proceso de la formación académica.

Cada día se celebra la Misa en la capilla del rectorado por las intenciones de la Universidad. Si profesamos y enseñamos con el Concilio Vaticano II que la Eucaristía es fuente y culmen de la vida cristiana (LG 11) no puede faltar la “usina” espiritual  donde se fraguan los verdaderos frutos del Espíritu para nuestra Universidad.

La fe aumenta por el acto de escuchar. ¿Cómo invocarán a Aquel en quien no han creído? Y, ¿cómo creerán sin haber oído de Él? Y ¿cómo oirán si nadie les predica?… Luego, la fe viene de la audición, y la audición, por la palabra de Cristo” (Rom. 10, 14. 17.) Aunque pareciera que la indiferencia impera no nos desalentamos y aceptamos el reto  por que la Fe produce la paciencia y ésta la esperanza que jamás será defraudada.

No nos sentimos satisfechos, sabemos que falta, pero tenemos la certeza de que Cristo está con nosotros y quien para Él trabaja jamás estará desocupado.