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del Centro para la Defensa de la Vida y la Familia

 

 

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Número 11

 
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Editorial

EDUCACIÓN DE LA SEXUALIDAD
Respecto a  las leyes y proyectos de ley para obligar a que en las escuelas y colegios primarios y secundarios, oficiales y privados, se dicte la materia Educación Sexual, obligatoria y curriculares es necesario considerar que atentan gravemente contra el respeto e intimidad debidos a los docentes, estudiantes y a sus padres.
Ante una cultura que «banaliza» en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal.        
En efecto, la sexualidad es una riqueza de toda la persona, cuerpo, sentimiento y espíritu, que manifiesta su significado íntimo al llevar la persona hacia el don de sí misma en el amor. La educación sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su dirección solícita, tanto en el hogar como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos. Debe reafirmarse la ley de la subsidiariedad, que la escuela tiene que observar cuando coopera en la educación sexual, situándose en el espíritu mismo que anima a los padres.
Si bien todas las cuestiones educativas son importantes, pues hacen al desarrollo de una personalidad madura que pueda desplegar sus potencialidades, con más razón lo son aquéllas que tocan aspectos vinculados a la moral, la intimidad y la afectividad de las personas como es la sexualidad. En estos temas, la intervención del Estado no puede hacerse sin un claro respeto a las convicciones de los padres y a las orientaciones de los establecimientos educativos.
El derecho de los padres a educar a sus hijos ha sido expresamente recogido por el art. 75 inc. 19 de la Constitución Nacional y el art. 12 inc. 4 de la Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) que dispone que: “Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Cualquier ley que ignore esta necesaria participación de los padres, es discriminatoria e invasora, vulnera la Constitución y se muestra incoherente con las normas de organización del sistema educativo.
La pretensión por parte del Estado de fijar los contenidos de la Educación Sexual supone un avance sobre materias que son propias de la familia y otras instancias de la sociedad, máxime si el enfoque de la educación sexual aparece directamente vinculado a la ley Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (25.673).  Esta ley está siendo utilizada con una visión reduccionista de la persona y la sexualidad, que ignora valores morales, afectivos y espirituales que hacen al amor humano, como son la fidelidad, la asistencia, la cooperación, el respeto, y que incluso son recogidos por las normas civiles vigentes (art. 198 del Código Civil). Asimismo con el término "salud reproductiva" se esconde la promoción de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Añade que el interés por impulsar este tipo de educación sexual desde el nivel inicial pareciera responder a "una suerte de 'obsesión' estatal por promover la 'salud reproductiva'".
Cualquier legislación debería orientarse en la línea señalada por la Convención de los Derechos del Niño y su ley aprobatoria (23.849): “considerando que las cuestiones vinculadas con la planificación familiar atañen a los padres de manera indelegable de acuerdo a los principios éticos y morales, La República Argentina interpreta que es obligación de los Estados, en el marco de este artículo, adoptar las medidas apropiadas para la orientación a los padres y la educación para la paternidad responsable”.
Los padres de familia son los primeros educadores realizando los docentes una tarea complementaria. El hecho de que en la actualidad no tengan una preparación adecuada en dicho tema, nos obliga a formarlos. Deberá capacitárselos mediante cursos, grupos de discusión y talleres dictados por profesionales debidamente preparados para que los contenidos brindados a la comunidad educativa sean veraces, adecuados, contemplando los valores humanos, sociales, éticos, espirituales y religiosos.

Proponemos los siguientes objetivos:
1. Promover un conocimiento veraz de la sexualidad para posibilitar una vivencia que pueda integrarla en la vida total del individuo acorde con los auténticos valores de la persona humana con un sentido de Trascendencia y en el marco de una Educación para el amor.
2. Propiciar una conciencia clara del valor que tiene la Educación de la sexualidad para acceder a un estado de salud física, psíquica y espiritual mediante acciones educativas y asistenciales  coherentes.
3. Evitar las relaciones sexuales a edades tempranas y fuera del ámbito del matrimonio, advirtiendo sobre los perjuicios que las mismas ocasionan y resaltando el valor de la continencia.
4. Revalorizar a la familia fomentando una Procreación Responsable, educando acerca de los temas relativos a  la Salud  Procreativa que permita un conocimiento veraz y correcto de todos los  métodos existentes incluidos los naturales para buscar, postergar o espaciar los nacimientos.
5. Disminuir la incidencia de los abortos indicando las consecuencias que tienen sobre la madre y el niño así como el derecho y la inviolabilidad de la vida.
6. Reducir los casos de Enfermedades por Transmisión Sexual (E.T.S.) especialmente el SIDA, señalando los aspectos nocivos de la promiscuidad sexual y las complicaciones que produce esta enfermedad.
7. Diagnosticar los factores de riesgo que favorecen la adquisición de hábitos adictivos, haciéndose hincapié en su perjudicial implicancia sobre la sexualidad.
8. Utilizar los medios de comunicación más aptos de que emitan la luz de la verdad acerca de los temas de sexualidad de acuerdo a los destinatarios y circunstancias que se presenten.

En forma general proponemos una Educación de la Sexualidad que sea integral, formativa y valorizada, contemplando al ser humano como persona en su totalidad de cuerpo y espíritu dentro del marco del amor, principio, motivo y fin de nuestras vidas.  Así le dará al individuo la oportunidad de integrar su sexualidad dentro de un proceso armónico de maduración, que le permitirá formarse y realizarse como persona.       
Todos los seres humanos poseen el derecho a elegir en libertad, de acuerdo a sus creencias y escala de valores la vivencia de una sexualidad con la asunción de actitudes libres pero responsables, conociendo la verdad y dirigiendo su voluntad a la búsqueda del bien.
El testimonio de vida de los padres de familia, de fidelidad, delicadeza, el amor mutuo, será el mejor camino para educar hijos sanos, limpios, honestos, virtuosos, simples y alegres, conscientes de elegir libremente un proyecto de vida que respete su dignidad de ser humano que merece como persona.

Dr. Juan Carlos Caprile
Médico Especialista Magíster en Bioética