Cinco claves para leer Laudato Si
Pastoral

Cinco claves para leer Laudato Si’

La encíclica Laudato Si’, del Papa Francisco, del 24 de mayo de 2015, sobre el cuidado de nuestro querido planeta Tierra, es tan rica en contenidos y abarca temas en apariencia tan diversos que, en una lectura rápida, nos cuesta encontrar el hilo conductor que nos oriente para poner en práctica su mensaje.

Entre muchas posibilidades, se me ocurre proponer cinco frases-claves que podrían ayudarnos a reorganizar el texto en nuestra memoria.

1) La Creación, proyecto del amor de Dios

Los creyentes estamos acostumbrados a escuchar y repetir que Dios nos ha creado por amor. Con menos frecuencia, pensamos que Dios tiene un “proyecto” para cada uno de nosotros y para el mundo. Nos ha dado la vida conforme a un plan, que incluye a todos los seres, y dentro de ese plan, ocupa el hombre un lugar privilegiado, por su inteligencia, su libertad y su responsabilidad. Y no solo el hombre en general, sino cada persona humana en particular. El Papa Francisco nos recuerda que “fuimos concebidos en el corazón de Dios” (Laudato Si’, 65), y se hace eco de las palabras de Benedicto XVI: “Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario” (Benedicto XVI, Homilía en el inicio de su ministerio petrino, 24 de abril de 2005).

2) Custodios de la Creación

De este proyecto de Dios se desprende el papel del hombre en el cuidado y armonía de la Creación. El Papa Francisco nos dice que “no somos Dios. La Tierra nos precede y nos ha sido dada… Se ha dicho que desde el relato del Génesis, que invita a ‘dominar la tierra’ (Gn 1, 28), se favorecería la explotación salvaje de la naturaleza presentando una imagen del ser humano como dominante y destructivo. Esta no es una correcta interpretación… Los textos bíblicos nos invitan a ‘labrar’ y ‘cuidar’ el jardín del mundo (Gn 2,15). Mientras labrar significa ‘cultivar, arar o trabajar’, cuidar significa ‘proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar’. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza” (Laudato Si’, 67).

3) Preservar el trabajo

Tanto “labrar” como “cultivar” requieren trabajar. El trabajo, como bendición dada por Dios y bien del hombre, constituye un eje temático vital de toda la Doctrina Social de la Iglesia. En el trabajo el hombre, pone en juego sus capacidades específicas (inteligencia racional, libertad, creatividad), y el Papa observa que nunca el desarrollo tecnológico debe ser excusa para olvidar esta dimensión personal de la actividad humana, ni para privar a nadie de la posibilidad de desplegarla.

Por el trabajo, colabora el ser humano con la obra creadora de Dios: “La intervención humana que procura el prudente desarrollo de lo creado es la forma más adecuada de cuidarlo, porque implica situarse como instrumento de Dios para ayudar a brotar las potencialidades que Él mismo colocó en las cosas” (Laudato Si’, 124).

Sin embargo, muchas veces la imprudencia y la ambición del hombre hacen peligrar el equilibrio de la naturaleza.

4) El cuidado de la casa común

En este sentido, es coherente que el Papa hable de “lo que le está pasando a nuestra casa” (todo el primer capítulo de Laudato Si’), identificando con ella al planeta entero. Su preocupación por la contaminación (20-22), el clima (23-26), la pérdida de la biodiversidad (32-42) y el deterioro de la calidad de la vida humana y la consiguiente degradación social (43-47) no son un lamento piadoso, sino una lúcida advertencia sobre lo que nos puede ocurrir a todos.

Mención aparte merece la cuestión del agua potable, cuya escasez provocará, entre otros males, “el aumento del costo de los alimentos y de distintos productos que dependen de su uso” (31), y cuyo desperdicio está asociado, a su criterio, con el hábito de “gastar y tirar” (27) de nuestra sociedad consumista.

5) Ecología y espiritualidad ecológica

Por todo esto, el Papa señala la necesidad de “una ecología de la vida cotidiana” (Laudato Si’, 147-155), que involucre no solo a los grandes movimientos de la economía, sino también al modo de organizar nuestro vivir diario, incluso desde el propio hogar. Propone “apostar por otro estilo de vida” (203-208) y desarrollar “una educación para la alianza entre la humanidad y el ambiente” (209-215).

Y se anima con sugerencias bien concretas: no utilizar de más la calefacción cuando podemos abrigarnos, evitar el uso de material plástico y papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar solo lo que razonablemente se podrá comer…

Confieso que estas sugerencias –que molestaron a mucha gente, por lo que pude comprobar en un fugaz paseo por Internet- me conmovieron. Detrás de los consejos del Papa, me pareció escuchar de nuevo la voz de mi abuelo materno, hijo de italianos inmigrantes, con su: “¡No desperdicien el agua!” (cuando quedaba detrás de nosotros una canilla abierta) o: “¡Apaguen esa luz!” (si al salir de una habitación la habíamos dejado innecesariamente encendida). Hablando con una amiga de la infancia, comentábamos que, seguramente, el Papa Francisco ha tenido el mismo origen social que nosotras: esa pequeña clase media argentina del trabajo y del ahorro, de la obsesión por la educación de los hijos, de la austeridad y del pan ganado con esfuerzo, de esa pobreza auténtica, de corte evangélico, que en nada se parece a la miseria provocada por la desocupación y la ignorancia, y que provoca resistencia en muchos, precisamente porque no es defecto, sino virtud.

Ojalá una nueva lectura de Laudato Si’, desde esta perspectiva, nos ayude a comprender mejor la intención del Papa y a llevar a los hechos su enseñanza.

 

Nora Pflüger
Profesora de la UCALP

 

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